martes 14 de julio de 2009

(mediocre) combustión espontanea

He pillado la gripe del alma
Estoy agotada mentalmente. Y eso que normalmente solo necesito algo de música y un teclado pero, con lo que no contaba era con que las emociones y las casualidades desaparecieran de mi vida, y no fuera capaz de invocarlas de nuevo.
Y es que –tal y como demuestra esta maldita muletilla- he desaprendido todo lo aprendido y caigo en las repeticiones, tan solo convulsiones de catástrofes anteriores, y me resultan degradantes.
Y quien sabe si, porque ya no creo en manzanas encantadas pero la cuestión es que los deseos se me oxidan antes de saber siquiera si soy yo la que los quiere, o si solo los pretende la niña de 8 años que conseguía todo a golpe de culpabilidad paterna.
Odio la felicidad inventada y quiero que arda junto con todos mis ribetes de palabras.
No sé zurcir gramática.

lunes 6 de julio de 2009

Asfixia

Se pregunta porqué es incapaz de levantar la vista del suelo cuando camina por las calles llenas de gente anónima, o porque ahora odia las fotos mucho más que antes. Las miradas se han convertido en brocas metálicas que agujerean su falta de confianza e incluso en este blog ha perdido las ganas de mostrarse y vestir de gala lo que no dejan de ser banalidades de su vida diaria.
Y es que este calor insoportable me llena los pulmones de aire inflamable. Arde a 451 grados Fahrenheit, como ese papel que ya no sé llenar con letras, y escondida detrás del “ella” ya solo soy en tercera, ese ángulo donde el único que vive es el alter ego. Pero que suerte que ya me aburre mi corazón coraza.
Así que hoy, dejaré que ese grillo que me mantiene insomne en noches veraniegas, desaloje mi corazón y le abriré la ventana para que salte. Tengo una piscina solo para él, ya muda a estas horas, donde ese cri cri insoportable se perderá, por ejemplo, en una burbuja de aire. [Bendita noche y su silencio].
La noche ensordece hasta el choque de las estrellas contra el suelo que, ahora que ya no están los niños para convertirlas en deseos, se quedan dormidas entre la hierba. Pero yo esta noche si que tengo uno, y es el siguiente: abrir la ventana y escuchar el verano de las corrientes de agua, esas que siempre me hacen desear estar en camisón en alguna orilla y con los pies empapados; mojarme la nuca con los dedos y simplemente no pensar en nada. Ni siquiera en este verano madrileño al que solo atraviesan trenes vulgares, y en los que ya no soy capaz de imaginar a viajantes desquiciados.
En la bella Madrid lo único que puedo hacer es abrir mi ventana, y dejar que los pies busquen la brisa en sus plantas. Y así, tumbada en mi cama, me dedico a hacer nuevos conocidos entre tapas y gramajes, e incluso a veces, dejo que las paredes de mi cuarto disfruten de las historias que leo.
La última que les leí fue El destino de Cordelia, esa pobre desdichada a la que no me quiero parecer. Tanto corazón y cerebros llenos de la más egosita de las nadas, no son para mi.

viernes 19 de junio de 2009

...3, 2, 1

Las escaleras mecánicas y el metro forman parte las tripas de un reloj oxidado que se llama Madrid. Y yo, cada mañana, dejo que me trague armada con una buena dosis de desapego por mi espacio inerpersonal y al igual que todos los que me acompañan en el vagón emigro muy lejos de aquí.
Propulsada por mi facilidad para fantasear y la ligereza que me da el ser tan despistada, llego más de lejos de lo que nunca han estado estos pies tan feos que tengo. Cuanta gente viajando a mi lado y cuantos que ni advierten que viajan al lado de cadaveres con pulmones que funcionan, pero que están huecos.
Y todas estas crisalidas en ciernes son por unos minutos más o menos largos, solo piel abandonada a favor de un estado mucho más bello que es el de la ensoñación.
Vuelan a sus paises, camas o a esa esquina donde se chocaron con la sonrisa más irreal que han visto nunca. Son grandes empresarios o dueños de un ultramarino con encanto en su calle de toda la vida. Y también yo vuelo con Au revoir Simon en mis oidos y comienzo a desear como lo hacía de pequeña y hace no tanto, cuando era más fácil ignorar que todo tiende a avaporarse con el tiempo.
... 3, 2, 1. Y comienza mi periplo personal por ciudades y paises que no conozco, pero que me encantaría llevar troquelados en la libreta de notas. Y estar en ellos tras el simple hecho de abrirla cuando ya hubiera dado el salto hacia otro sitio aún más lejano. Impactos visuales permanentes y de papel. Ser con cada cultura nueva que conociera y que pasara a formar parte de mi ADN. O desear también algo mucho más banal. Un abrazo que me hermane de nuevo con el mundo, todo paz y plenitud.
Pero va a ser que por hoy los sueños low cost han tocado a su fin.
La voz artificial del Señor Don Metro de Madrid me reclama, y dejo que me arrastren fuera del vagón hasta que me depositan en la calle y, en la que tiene fama de ser la esquina más fria de Madrid. «Que ciudad más curiosa cuando empiezas a entenderla».
Los rios de gente en la calle, son un indicador casi perfecto de la hora en la que nos encontramos. Me asusta conocerla tanto ya.

jueves 4 de junio de 2009

Expresso

Si giro la cabeza ahora que estoy tumbada en la cama veo pequeños rascacielos de letras y papel estucado sobre mi mesita de noche, el suelo y las estanterias. Tengo tantos libros en cola que me sorprende mi capacidad para ignorarlos. Yo que los devoro y vivo para ellos— de ellos aún no, si es que es posible en este mundo actual —dejo que acumulen polvo en lugar de pasar a formar parte de las historias que me cuentan.
Hoy la luz es marrón y no hago más que desear que por favor llueva y se lleve toda la suciedad que acumula el cielo de esta ciudad tan alejada de cualquier utopía. Lejana a cualquier tipo de orden superior que la haga recta y ordenada, así es la caótica Madrid. Pero ahora es mi ciudad y me he adueñado de ella como quién se pone un vestido nuevo.
Al principio te resulta extraña pero terminas haciéndola a tus formas y literalmente te la vistes cada mañana, incluso antes de desnudarte y meterte en la ducha, mientras piensas en un nesquik y tal vez unas tostadas. Pero hoy no me gusta. Porque se ha quedado sin aire y me estoy ahogando bajo ella.
Son las 20:56 y no me gusta.

miércoles 27 de mayo de 2009

Stay (just a little bit more)

La ciudad de los ojos ciegos se apaga lentamente bajando sus párpados esmaltados y llenos de gente anónima para mi. Y yo, que sigo asomada a mi ventana, no hago más que ver postales pálidas y descoloridas a pesar de esta enorme luna que se balancea con levedad sobre el edificio de ladrillos deluxe en el que vivo.
Arrugo la nariz y pienso a boca llena si, no será que el hijo de alguna deidad nocturna la retiene como a un globo de feria -y ya no sé ni lo que me digo, tan saturadas tengo las neuronas-.
Me siento encerrada esta noche, como en uno de esos televisores de plástico estridente de las tiendas de souvenirs; conmigo estática en el tiempo y una tira de fotogramas avanzando clic a clic tras de mi. Así que hecho a correr tras la película dejando volar mi imaginación.
Y es que en el tiempo de las ventanas apagadas no hay más que noches enladrilladas y pocos valientes que las interrumpan, las aceleren o las despierten rompiéndolas en pedazos para poder respirar a pulmón abierto y sangrante.
A mi me da miedo observarlas demasiado. Pero aún así lo hago, y me entran ganas de convertirlas en el decorado de un escenario de teatro; de papel, cartón o madera. Colorearlas y hacerme una ciudad a medida donde los árboles tengan pulso, y el verde huela a hojas crujientes. Donde los únicos abismos que conozca sean pupilas que me engullan lentamente y saborearme después en ellas.
Quiero ir de rojo gominola y gritar. Dejar atrás el she was kind and polite y tirarle a la vida de las orejas por cruel y tramposa.